Quédate un momento conmigo.
Porque este es uno de esos temas que generan mucha confusión… y bastante soledad e incomprensión a las familias que hacen un gran esfuerzo en educar de forma respetuosa a sus hijos.
Hay situaciones en las que acompañas a tu hijo, respetas su emoción, no gritas, no castigas…
y una parte de ti se pregunta:
“¿Estoy cediendo demasiado?”
“¿Le estoy malacostumbrando?”
“¿Dónde queda el límite?”.
Si estas dudas te visitan, no es casualidad.
A muchos adultos les enseñaron que acompañar y poner límites eran cosas opuestas.
Acompañar no significa decir que sí a todo
Vamos a poner esto claro, sin dureza.
Acompañar no es permitirlo todo.
No es rendirse.
No es desaparecer como adulto.
Acompañar es no pelearte con la emoción, aunque el límite siga ahí.
Tu hijo puede estar muy enfadado…
y el límite seguir siendo el mismo.
Lo que cambia no es el límite.
Es la forma de sostenerlo.
El miedo a “perder autoridad” pesa mucho
A veces el miedo no tiene que ver con tu hijo.
Tiene que ver con tu propia historia.
Con lo que te dijeron.
Con lo que viste.
Con lo que te exigieron.

Y entonces aparece esa tensión interna:
quieres acompañar
pero temes perder el control de la situación.
Aquí quiero decirte algo con calma:
la autoridad que se pierde gritando no es la que quieres conservar.
El límite no necesita dureza para existir
Un límite no se vuelve más firme por ser frío.
Ni más claro por ser amenazante.
De hecho, muchos límites se sostienen mejor cuando el adulto está tranquilo.
Tu hijo puede enfadarse.
Puede llorar.
Puede protestar.
Y el límite puede quedarse.
Sin castigo.
Sin humillación.
Sin ruptura.
Eso no es ceder.
Eso es sostener.
A veces acompañar es aguantar la incomodidad
Y esto no se dice lo suficiente.
Acompañar implica tolerar tu propia incomodidad.
La mirada del otro.
El ruido.
La duda.
Implica no correr a apagar la emoción solo para que todo se calme rápido.
No porque seas blando.
Sino porque sabes que lo que se calma por fuera, pero no por dentro, vuelve a aparecer.
Tu hijo no aprende a respetar límites desde el miedo
Aprende desde la seguridad.
Desde sentir que el adulto no se desborda con su emoción.
Desde comprobar que el vínculo no se rompe cuando dice “no”.

Eso construye algo muy profundo:
confianza.
Y la confianza ordena más que cualquier imposición.
Si hoy dudas, estás haciendo algo bien
Las dudas no aparecen cuando educas en automático.
Aparecen cuando estás presente.
Así que si alguna vez te preguntas si estás cediendo demasiado,
quizá no sea una señal de error…
sino de consciencia.
Y eso, aunque no lo parezca, también educa.
Agradezco que compartas este artículo con familias a las que puedas ayudar y también los comentarios que sientas dejarme y compartir del contenido.
Te invito a formar parte de la comunidad GRATUITA de Educando de Forma Simple, fundada en 2023. Allí encontrarás contenido exclusivo
