Querida mamá y querido papá, gracias por estar aquí y hacer lo mejor para vuestro hijo.
Deseo que estas líneas te aporten luz y respuestas a tu búsqueda sobre educación.
Cuando un niño con TDAH entra en conflicto, su reacción puede ser muy rápida e intensa. Grita, golpea, insulta, sale corriendo o responde con una rabia que parece desproporcionada ante lo que ha sucedido. En ocasiones interpretamos estas conductas con que el niño no nos está respetando.
En ese momento, muchos adultos intentamos ayudar. Además, buscamos resolver la situación utilizando frases como:
«Entiendo que estás enfadado».«Veo que esto te ha dado mucha rabia».«Es normal que te sientas así».
Sin embargo, un gran número de familias me comparten algo desconcertante.
Además, cuanto más intentan validar la emoción, más aumenta el conflicto.
También he podido comprobarlo yo misma.
Por eso investigué hasta encontrar la solución.
La expongo en educación con respeto.
significa esto que validar las emociones es perjudicial?
No, no lo es.
Además, no todas las intervenciones sirven en cualquier momento.
En educación, un niño muy activado todavía no puede recibir nuestras palabras.
No es que no quiera razonar: en ese momento no puede hacerlo como esperamos
El TDAH es una condición del neurodesarrollo (se denomina trastorno, pero no me identifico con esa palabra para definir lo que ocurre). Gracias por aceptar mi vocabulario.
Por ello, esta característica influye en la atención y en el control de los impulsos de forma negativa.
Habitualmente, un niño actúa antes de pensar en las consecuencias y tiene más dificultades para frenar una respuesta que ya se ha puesto en marcha. Además, pueden actuar sin pensar previamente en el resultado, afectando la educación del niño.
Esto no significa que todos los niños con TDAH reaccionen siempre con ira, ni que cualquier explosión emocional sea consecuencia del TDAH. Cada niño es distinto y también pueden existir otras necesidades o dificultades que deben ser valoradas por profesionales.
Pero cuando la impulsividad y la activación emocional se unen, el niño puede perder temporalmente parte de su capacidad para escuchar, organizar lo ocurrido y valorar alternativas. Su reacción llega antes que su razonamiento. Lo que yo denomino un desorden en su discernimiento.
Por eso, repetir explicaciones, hacer preguntas o pedirle que reflexione en plena explosión suele resultar poco eficaz. Y esto lo sabes, porque es algo que te pasa con frecuencia.
¿Por qué la validación puede aumentar su rabia?
Aquí está el tema estrella que comparto con mis familias y educadores en mis formaciones y acompañamientos. HAY EMOCIONES QUE NO DESEAN SER VISTAS, es decir validadas en ese momento.
El problema aparece cuando al validar esa ira o rabia, desencadenamos una carga emocional absolutamente insostenible para el niño con TDAH, utilizando demasiadas palabras en el momento de máxima activación.
Decir insistentemente «estás muy enfadado» puede:
- dirigir todavía más su atención hacia la rabia;
- hacerle sentir observado, interpretado o invadido;
- añadir información cuando ya está saturado;
- provocar que sienta que hablamos de su emoción, pero no comprendemos lo que necesita;
- convertirse en un nuevo estímulo contra el que reaccionar.
Por tanto, no es la aceptación de la emoción lo que aumenta el conflicto. Lo que puede aumentarlo es verbalizarla demasiado pronto, insistir en nombrarla o pretender razonar cuando el niño aún no está preparado para escucharnos.
La validación también puede transmitirse sin grandes discursos: mediante nuestra presencia, el tono de voz, la distancia adecuada y una actitud que no humille ni abandone. En mis acompañamientos enseño distintas formas de validar que si son bien recibidas por el niño. Estas desactivan la impulsividad y abren paso a un diálogo que se convertirá en un espacio de reflexión que nos lleva a cultivar el razonamiento en momentos difíciles.
Entonces, qué necesita primero?
En plena explosión, el objetivo inicial no es conseguir que comprenda lo ocurrido. Es ayudarle a recuperar suficiente seguridad y autocontrol para que después pueda pensar.
Puede ayudar:
- utilizar pocas palabras y frases breves;
- bajar nuestro volumen y reducir los estímulos del entorno;
- dejar de repetir preguntas o explicaciones;
- evitar discutir sobre quién tiene razón;
- mantener una presencia serena, sin perseguirle verbalmente;
- detener con claridad cualquier conducta que pueda hacer daño;
- ofrecer una acción concreta que le ayude a frenar.
Por ejemplo:
«Ahora necesitamos parar. Hablaremos después»
Aquí te comparto una de las mejores frases que utilizamos en mi método. Ya que es una frase absolutamente neutral que puedes utilizar en todas las edades y circunstancias.
Escucha y apunta en tu libreta verde
ATENCIÓN: Esto no son límites, es una instrucción, una orden constructiva. Entiendo que puedas pensar que lo son, ya que todo lo que habrás leído sobre límites, te apuntan a creer que esto son límites. En mi metodología os muestro la diferencia.
Lo que sí son: instrucción u orden constructiva que no avergüenzan al niño y que evitan añadir más intensidad de culpa a la situación.
La intervención siempre debe adaptarse a su edad, a sus características y a la forma en la que recupera la calma. No existe una frase universal que funcione con todos.
El orden transforma el conflicto
Dentro de mi metodología, no empezamos el conflicto intentando resolverlo todo a la vez. Seguimos cuatro fases bien organizadas. Puedes verlo aquí también
FASE 1: detener la escalada
Primero observamos qué está ocurriendo y reducimos todo aquello que pueda seguir alimentando el conflicto. No exigimos razonamiento cuando el niño todavía está dominado por el impulso.
FASE 2: recuperar seguridad
Protegemos el vínculo y ofrecemos una presencia que acompaña sin invadir. Podemos reconocer su experiencia sin convertir la emoción en el centro de una larga conversación.
FASE 3: orientar y sostener el límite
Cuando ya puede recibirnos, aportamos claridad: qué conducta no podemos permitir, qué necesita hacer ahora y cómo puede actuar de una forma distinta la próxima vez.
FASE 4: comprender, reparar y aprender
Solo después, con mayor calma, hablamos de lo sucedido. Aquí sí podemos profundizar en la emoción, escuchar su versión, comprender la necesidad, buscar alternativas y reparar el daño causado.
Este orden no es rígido, pero sí nos ofrece una dirección. No avanzamos porque toca avanzar; avanzamos cuando el niño está disponible para hacerlo.
Te recuerdo que lo puedes ver aquí también.
Validar no es el primer paso: comprender el momento sí
Un niño con TDAH no necesita que ignoremos su ira o rabia. Necesita que sepamos acompañarla sin alimentar la activación y sin permitir que esa emoción justifique una conducta dañina.
La clave no consiste en elegir entre validar o poner límites. Consiste en saber qué necesita el niño en cada fase del conflicto.
Primero detenemos la escalada.
Después recuperamos seguridad.
Más tarde orientamos.
Y, finalmente, comprendemos, enseñamos y reparamos.
Porque cuando respetamos el orden, dejamos de pedirle al niño algo que todavía no puede darnos y empezamos a ofrecerle aquello que verdaderamente necesita para aprender a resolver sus conflictos.
Gracias por haber llegado hasta este punto de lectura. A continuación te comparto más contenidos referentes al tema para seguir ayudándote.



